Nuestras miradas levitantes

se cruzaban. 

Nuestras manos temblorosas

se rozaban. 

Los labios presentían

el beso aproximarse.

Una mezcla de emociones 

me llevó a la hondura de tus ojos,

pude ver cómo afloraba desde adentro

la súplica por un beso.

Deseosa de acceder a tus ruegos,

casi muriendo por perderme en tus labios,

sentí el corazón revolotear cual infante mariposa

y salir a prisa desde mi pecho.

Los segundos pasaron eternos.

Entre el cruce de miradas

y el tenue roce de los vellos,

el corazón se preguntaba

si al fin llegaría el beso.

Nerviosa, con la piel temblando,

no me resistí al misterio.

Me abalance a tus labios.

El corazón tembló

al descubrir un mundo nuevo,

un cielo, un universo paralelo.