Después de probar las mieles de tus labios,

de perderme en tus ojos 

y hasta el cansancio sentir las caricias de tus manos,

¿cómo pretendes, amor mío, que pueda olvidarte?

Si te quedaste grabado en mi alma,

te llevo impregnado en mi piel como en mis vellos.

¿He de negar que te quiero?, ¡por Dios, si no puedo!

Es tan fuerte

que se desborda por mis poros, 

y me aproxima hasta el cielo.

Lo único que tengo de ti

son tus escasos recuerdos.

Aunque son pocos, son suficientes

para que te quedaras esculpido en mi pecho.

Que ya no me quieras, puedo entenderlo.

Te marchas sin cumplir tu promesa de amor eterno.

Me quedo con tu olor,

con el sabor de tus besos sobre mi cuerpo.

Si vuelves, amor mío, aquí te espero.

Si nunca más regresas, en otra vida

¡te juro, por Dios, que te encuentro.